▲ El diyéi Alle Farben tocó ante mil 700 invitados en Die Fabrik, recinto donde hasta ahora sólo representaba obras de Wagner.Foto tomada de Facebook
Dpa
Periódico La Jornada
Martes 4 de agosto de 2026, p. 8
Bayreuth. ¿Ritmos electrónicos en vez de música clásica en el teatro Festspielhaus? Eso sí que no había sucedido nunca antes en el Festival de Bayreuth, pero fue lo que pasó allí la noche de este domingo para celebrar el 150 aniversario de festival wagneriano en Alemania. Lejos del tradicional ambiente solemne, hubo baile y clima de fiesta.
El diyéi Alle Farben (Alright, She moves) tocó para unos mil 700 invitados. De esta forma, los organizadores se atrevieron por primera vez a romper con el estilo musical tradicional con un género completamente distinto, fieles a la máxima que el propio Richard Wagner (1813-1883), a cuya música está dedicado el festival, formuló en su día: “¡Niños, creen algo nuevo!”.
La directora del festival, Katharina Wagner, se mostró visiblemente satisfecha ante la gran afluencia de público. Explicó que la idea detrás de este evento poco convencional era atraer a personas que “normalmente no visitan al festival”. La fiesta se organizó en colaboración con el local de eventos de Bayreuth Die Fabrik. Wagner elogió al diyéi Alle Farben, contratado especialmente para la ocasión, calificándolo de “altamente musical”.
Para que el artista pudiera hacer temblar los muros de este emblemático recinto, la Fundación Richard Wagner tuvo que dar primero su visto bueno, ya que oficialmente en este teatro sólo se pueden representar 10 obras seleccionadas de Wagner.
Alle Farben, cuyo nombre real es Frans Zimmer, afirmó ser consciente de que se trataba de una noche especial. Señaló que en los últimos 150 años siempre se ha interpretado a Wagner en ese lugar. “Y hoy soy yo quien puede hacer algo nuevo”.
El diyéi adaptó su sesión al espacio: hacia la mitad del evento, se escuchó con claridad el motivo de la Cabalgata de las valquirias, adaptado a los tiempos actuales con ritmos acelerados.
“El arte tiene que evolucionar”
A pesar de que él mismo esperaba críticas, el público reaccionó con entusiasmo en cuanto Zimmer empezó a pinchar. El diyéi reconoció que seguro hubo gente que habrá pensado “esto no se puede hacer aquí”, pero destacó la importancia de abrirse, especialmente en un recinto así. “El arte tiene que evolucionar”, añadió.
La fiesta permitió además disfrutar de perspectivas poco habituales en el Festspielhaus: el escenario principal se abrió hacia el fondo, donde se congregó la multitud, ofreciendo una vista despejada de los palcos y gradas desde los que, habitualmente, el público escucha con devoción obras como Parsifal o El anillo del nibelungo.
Esa rutina se reanudará en cuanto se desmonten la cabina de diyéi y los focos, para dar continuidad al festival hasta el 26 de agosto.
