▲ Un tren de Ferromex se descarriló el 25 de julio en el ejido Cuauhtémoc, del municipio fronterizo de Naco, Sonora, y derramó más de 70 mil litros de hidrosulfuro de sodio, en medio de un aguacero que arrastró el químico hacia el arroyo.Foto Profepa
C
omo acostumbra (siempre bajo la condescendiente mirada de la autoridad), Grupo México (obviamente por instrucciones de su dueño, Germán Larrea) finge demencia y se lava las manos por los daños (humanos, sociales y ecológicos) causados por su más reciente –que no el último– derrame tóxico en tierras sonorenses (70 mil litros de hidrosulfuro de sodio vertidos en un arroyo, que afectó una zona de 1.7 kilómetros cuadrados del municipio de Naco; de hecho, un alto mando político de esa entidad sostiene que “hay que cuidar” al corporativo, porque “invierte en el estado”, ergo: hay que mantenerlo impune, según su entender), no sin antes asegurar que “terminaron los trabajos de limpieza” del área afectada. Y se quedó tan tranquilo.
Algo similar dijo el corporativo cuando en 2014 y 2019, la empresa derramó tóxicos en el río Sonora y en el mar de Cortés, y lo cierto es que después de 12 años del primero y siete del segundo la “remediación” que debió hacer Grupo México se mantiene “pendiente”, toda vez que el Fideicomiso Río Sonora (mediante el cual supuestamente Grupo México aportaría 2 mil millones de pesos, que en los hechos, si bien va, sólo se ejerció la mitad, especialmente destinados a lavar la cara de la empresa de Larrea) sólo fue una puesta en escena, en contubernio con Enrique Peña Nieto. En esa ocasión, un grupo de diputados exigió cancelar la concesión a Buenavista del Cobre (antes Minera de Cananea), pero ese gobierno fingió demencia, con todo y que este derrame de tóxicos se calificó como “el mayor desastre ambiental en la historia de la minería en México”.
De hecho, a 16 años de distancia, la doctora Reina Castro Longoria, investigadora del Departamento de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, de la Universidad de Sonora, integrante del Sistema Nacional de Investigadores y activista del Frente Río Sonora, no quita el dedo del renglón: “es grave lo que está ocurriendo”, por lo que exige “un ordenamiento entre el gobierno federal, Grupo México, la población afectada y la comunidad científica para crear un plan de remediación; es una organización básica para poder emprender una justicia ambiental; es lo que hemos buscado a lo largo de todo este tiempo, siendo la empresa la que debe pagar por estos daños; en la población existen muchas afectaciones a la salud de menores de edad y al medio ambiente; el desastre en el río Sonora va de mal en peor y el gobierno del estado y el corporativo apuestan al olvido; no se requieren acciones distractivas para evadir el problema, sino su solución”.
Grupo México, especialista en evadir su responsabilidad, asegura que el derrame en Naco “no provocó daños”, cuando lo cierto es que los hay, no sólo en el plano ecológico, sino social y humano. Llega la información desde esa población, afectada por el más reciente ecocidio: “familiares de Luis Arturo Ozuna Vázquez, de 53 años (“una de las primeras personas trasladadas para recibir atención médica tras el derrame tóxico registrado el pasado 26 de julio, quien presenta edema cerebral derivado de la inhalación de los gases tóxicos liberados por Ferromex, además de daño neurológico y pulmonar”) denunciaron que Grupo México no ha establecido contacto con ellos ni ha ofrecido apoyo para cubrir los gastos derivados de la atención médica a su pariente por inhalar el hidrosulfuro de sodio que hace una semana tras el descarrilamiento de un tren de Ferromex; el paciente ingresó a terapia intensiva, su estado de salud se agravó en las últimas horas y lo van a intubar; ninguna representante del corporativo ha preguntado por la salud de Luis Arturo; lo han atendido, porque nosotros hemos insistido en los hospitales, pero de la empresa absolutamente no se ha acercado nadie; exige que el consorcio asuma los costos de la atención médica, cubra todos los gastos actuales y futuros derivados de las afectaciones a la salud de Luis Arturo y que responda por los daños que el derrame llegue a ocasionar a las personas que se expusieron al compuesto químico” (La Jornada, Cristina Gómez Lima, corresponsal).
¿Y la autoridad? Bien, gracias. ¿Y Larrea? Tan campante.
Las rebanadas del pastel
¿Y el control de calidad? ¿Quién dejó pasar a las hoy diputadas “morenistas” Nay Salvatori y Grace Palomares? (que por lo visto no representan a nadie), porque, sin más, se burlaron de los adultos mayores de forma infame y soez: “los grandes ya huelen diferente, huelen a baúl, ya tienen tics y se están pudriendo, guey”. Entonces, ¿quién dio entrada a estas panistas con careta de guindas? Y como este hay más casos por falta de supervisión en ese partido
X: @cafevega
