▲ Jóvenes protestan en las inmediaciones de la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México contra el examen de control.Foto Luis Castillo
E
n un año, seis meses y pocos días de su segundo arribo a la Casa Blanca, Donald Trump ha destrozado prácticamente todo, tanto en Estados Unidos como en el resto de la comunidad de naciones: aterroriza al mundo, destroza las relaciones internacionales y la diplomacia, mete la mano en todas partes, para lo cual se ha dedicado a financiar candidatos de ultraderecha y compra gobiernos (ejemplos sobran); cobra millones de vidas con sus “guerras resueltas”, gasta millonadas en sus operaciones militares, agrede a terceros países, lleva a cabo una despiadada cacería de migrantes, la economía gringa es un desastre, despedaza la seguridad social de los estadunidenses, hace pingües negocios con los recursos públicos y lo que se acumule. El magnate naranja es como el caballo de Atila, pero tras su interminable cadena de barbaridades todavía cree que políticamente le saldría gratis. Pero es tan grande su ego que ni siquiera esto registra.
Obviamente no, porque se ha ganado el desprecio de prácticamente todo el mundo (salvo sus títeres como, entre otros, Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; José Antonio Kast, de Chile; Rodrigo Paz Pereira, de Bolivia; Santiago Peña Palacios, de Paraguay; Nayib Bukele, de El Salvador; Nasry Asfura, de Honduras, y el próximo “presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, todos en el poder gracias a su descarada intervención electoral y el financiamiento de sus campañas).
A estas alturas, todas las mediciones sobre el índice de aceptación de Trump resultan negativas. Por ejemplo, entre lo más reciente: The New York Times reveló que, “apenas entre 32 y 34 por ciento de los estadunidenses lo aprueban, un nuevo mínimo histórico para un mandatario de Estados Unidos en su segundo gobierno, afectado por el estancamiento de la guerra con Irán y el alza en los precios de la gasolina, y que podría tener repercusiones en las elecciones legislativas de noviembre” ( La Jornada).
En tanto, la cadena de televisión CNN dio a conocer que su más reciente encuesta –efectuada hace pocos días– el resultado en nada favorece al magnate naranja: “la aprobación de Trump fue de 34 por ciento”, que “se reduce a 33 por ciento en otro sondeo de AP-NORC y a 32 en nuevos datos difundidos por la Universidad de Quinnipiac. Además, sólo 39 por ciento de los estadunidenses aprueban su política migratoria y la mitad considera que ha ido demasiado lejos con las deportaciones, de acuerdo con el Centro de Investigación de Asuntos Públicos AP-NORC”. Tales mediciones afectaron el ego del inquilino de la Casa Blanca, quien negó los citados porcentajes y escribió en redes sociales: “mis cifras reales en las encuestas son las más altas que he tenido” (ídem).
Vale mencionar que la caída de Trump es apenas mayor a la registrada, 52 años atrás, por Richard Nixon (23-24 por ciento), quien terminó renunciando a la presidencia de Estados Unidos por el escándalo Watergate y “otros detalles”. Fue el primer mandatario gringo que dimitió al cargo. Entonces, si esas “cifras reales son las más altas que he tenido”, según dice, pues le falta muy poco para estar por debajo de aquel viejo político.
Semanas atrás, el Pew Research Center divulgó el resultado de su más reciente sondeo, cuyos resultados tampoco fueron del agrado de Trump: 77 por ciento de los encuestados en 36 naciones se pronunciaron en contra del magnate, con respuestas “a menudo abrumadoramente negativas; sólo 23 por ciento expresaron confianza en su liderazgo en los asuntos mundiales; en general, la percepción de Estados Unidos también es mayoritariamente negativa”.
Y, ¿cómo les va a los títeres de Trump en América Latina? También se desploman. A dos años y pico de “gobierno”, Javier Milei registra un rechazo de 65 por ciento de los argentinos; con sólo nueve meses de “presidente” de Bolivia, Rodrigo Paz tiene 52 por ciento de repulsa social; José Antonio Kast, con menos de 150 días en el Palacio de la Moneda, está en la lista negra de 66 por ciento de los chilenos; al exportador de plátanos con polvo blanco, al impresentable Daniel Noboa, lo repudian 76 por ciento de los ecuatorianos, y así por el estilo. Y Delcy Rodríguez no baila mal los joropos: en siete meses como “encargada” de la tienda, 76 por ciento de los venezolanos de plano no la toleran.
Las rebanadas del pastel
El rector Leonardo Lomelí nunca fue un rector popular, pero le ha salido carísimo –aún más a la UNAM– su “chiste” del examen de admisión en línea, más la comisión técnica para repetirlo de forma presencial y, sobre todo, los 101 millones de pesos pagados (vía adjudicación directa) a Territorium Life.
Twitter: @cafevega
